|  La palabra de Leonardo Gutiérrez“Yo siempre formé parte de muy buenos planteles”Un par de días después de ganar el título de la Liga Nacional con Peñarol, el MVP de las finales le abrió las puertas de su casa a LA CAPITAL.Viernes 28 de Mayo de 2010 | 15:32Por mérito y derecho propio, se ganó el reconocimiento del pueblo “milrayitas”. Ya lo tenía del resto del básquetbol nacional, que lo considera desde hace rato -y con justa razón- como el mejor jugador que actúa en el país.
Pero a Leonardo Gutiérrez le faltaba ganarse a la gente que más lo había odiado. A la gente que más lo resistía. Y vaya si lo consiguió. Tanto, que ésos que lo insultaban ahora lo idolatran y lo defienden contra todo y contra todos. Claro que también el ala-pivote cordobés demostró fuera de la cancha una humildad tan grande como su talento dentro de ella. Se ganó cariño de la gente más allá del básquet, y tanto él como su familia se dejaron seducir por Mar del Plata, tal como ha sucedido con muchos otros. Un par de días después de ganar el título de la Liga Nacional con Peñarol, el MVP de las finales le abrió las puertas de su casa a LA CAPITAL. Y reveló parte de su intimidad, en la que destacan sus amores más preciados: sus hijos Francisco, “Pepo”, de 11 años, el más conocido de la película, el que sale en todas las fotos (se profesan mutua debilidad) y la pequeñita Mora (de un año y tres meses). La Selección, sus amistades, las razones del Peñarol campeón y mucho más en una nota imperdible:
-¿Llegar a Peñarol sabiendo que cada equipo en el que jugaste ha peleado o ganado el título era una responsabilidad extra? -Sí, era una responsabilidad grande, pero más que nada, un desafío. Cada vez que cambio de equipo lo tomo como un gran desafío. Para seguir mejorando y con la intención de pelear el campeonato. Siempre son lindos los cambios y los desafíos. -Igualaste en cantidad de títulos (7) a leyendas como Marcelo Milanesio y Héctor Campana. ¿Qué sentís cuando te ubican como uno de los tres mejores de la historia de la Liga Nacional? -Me encanta estar ahí. Yo sé que tanto Marcelo, como “Pichi” y también Diego Osella son tres jugadores grandes en la historia del básquet argentino. No sé, puede ser que yo esté entre ellos y hasta ojalá pueda superarlos en cantidad de títulos. Pero para mí, que crecí con ellos, jugué con ellos y gané títulos con ellos, son los tres más grandes de la Liga con gran diferencia sobre el resto.
-¿Eran tus espejos cuando vos empezabas, aunque dos de ellos no jugaban en tu puesto? -Cuando yo empecé no los tomaba como ejemplo porque no los conocía. Con “Pichi” jugué en Olimpia de Venado Tuerto cuando yo recién entraba en la Liga Nacional (N. del R.: justo en 1993/94, cuando Peñarol ganó su primer título) y él volvía después de su lesión en Banco de Córdoba. Lo veía y era un tipo ganador, que iba al frente. Pero tenía otros jugadores con los que me identificaba, como Sebastián Uranga o Marcelo Duffy. Me gustaban por su personalidad, por lo que daban dentro de la cancha, porque intentaban hacer mejores a los compañeros. Después, cuando los conocí bien a Marcelo, a “Pichi” y a Diego y pude jugar bastante con ellos, le saqué el jugo a todo lo que significan.
-Todo eso por lo que ganaron tantas cosas ¿no? -Por algo ganaron todo y por algo hicieron grandes a sus compañeros y a los equipos que integraron. Se hicieron grandes entre los dos porque seis de los siete títulos que tienen los ganaron juntos en Atenas, pero también les mostraron el camino a seguir a sus compañeros.
-¿Esa es la gran diferencia con ellos? Porque vos ganaste títulos en varios equipos... -Sí, me diferencia eso. Pero también es un mérito la continuidad. Ganar 7 títulos de Liga con un mismo equipo debe ser algo único a nivel internacional. Y además, yo siempre formé parte de muy buenos planteles, donde la mentalidad y las ganas de conseguir objetivos importantes es importantísima.
-Para mucha gente, Peñarol era un campeón cantado. ¿Les pudo llegar a jugar en contra en algún momento? ¿Cómo manejaron esa presión? -Después del 3-0 contra Lanús y del 3-0 contra Boca se habló mucho y es como se daba por ganada la final antes de tiempo. Encima tuvimos muchos días entre el último partido con Boca y el comienzo de la final. Era complicado llevar todo el tema de la gente, de los dirigentes. Lo supimos poner a un costado y e intentamos no dejarnos llevar por ese tema ni perder de vista que nosotros debíamos enfocarnos en la final.
-A la gente le habían dado muchos títulos, pero querían la Liga a toda costa... -Nosotros también. La gente sabemos como es, quiere que su equipo gane siempre, y obviamente estaba con toda la fe del mundo pensando que íbamos a ser campeones. Es entendible. Nosotros dejábamos que los hinchas disfrutaran mientras nos preparábamos para que, cuando llegara el momento, la ansiedad no nos jugara en contra. Nos preparamos bien. Pero después del segundo partido acá, cuando fuimos a Córdoba 2-0 arriba ya se empezó a hablar mucho del 4-0 y eso nos perjudicó. No jugamos para nada bien el tercer juego contra Atenas, fue uno de nuestros peores partidos de la temporada. Pero sabíamos que si queríamos volver teníamos que jugar como nosotros podíamos y no darle esperanza al rival.
-Eso los caracterizó durante toda la temporada: Después de un mal paso, de inmediato venía una recuperación... -Sí. El equipo estuvo siempre muy enfocado, con ganas de lograr grandes cosas y sabíamos que no se nos podía escapar. Teníamos todas las de ganar si hacíamos lo que teníamos que hacer.
-¿Por ejemplo? -No depender de un solo jugador sino del equipo. Todos los chicos jugaron en alto nivel. Siempre sobresalía alguno por encima del resto, pero no era siempre el mismo. No dejar pasar oportunidades. Diferentes detalles que si no se toman en cuenta, pueden costar un campeonato.
-Conocías a varios por haberlos enfrentado y otros por haber compartido equipo. ¿Te sorprendió algún jugador de Peñarol? -Marcos (Mata) me impresionó un montón. Creo que de la serie final, él fue el mejor jugador, junto con Martín (Leiva). Fueron los más regulares y jugaron unas finales espectaculares. Ambos hicieron puntos, pero lo más importante es lo que se ve menos. Defendieron una barbaridad, tomaron rebotes, hicieron cargar de foules a los contrarios. Marcos durante todo el año demostró que está para grandes cosas y me sorprendió gratamente.
-Y además, Facundo Campazzo fue elegido como la revelación de la temporada... -Sí, la temporada de Facu fue increíble. Es un chico que va al frente, es un caradura en el buen sentido, no le importa quién está del otro lado. Jugó una final como si estuviera en el patio de su casa. -Ahora, a la distancia, cuando ves una foto o alguien te menciona lo de “cebador olímpico” te debe causar mucha gracia, pero en su momento, debe haber sido como una patada en donde te imaginás... -(Sonríe) Sí, pero lo tomaba con humor, porque si no me tenía que tirar abajo de un tren. Sabía que podían pasar esas cosas, y el ingenio de la gente de Peñarol empezó con eso y se trasladó a toda la Liga. Me dolía, me molestaba, obvio, pero lo tomaba con humor porque no pasaba de eso. De un cartelito, de un mate que mandaban al hotel, o una medalla colgada. Pero lo bueno era que quedaba ahí.
-Sin embargo, tuviste un episodio que llegó a las manos en La Bombonerita... -Sí, sí, con un chico.
-¿Pero te acordás de él si lo ves? -No, ni me acuerdo la cara.
-Te lo pregunto porque así como la gente se resistía a aceptarte, para vos tampoco debe haber sido fácil jugar para los que te habían puteado hasta hacía dos días... -Pero es que yo nunca lo tomé así. Cada vez que voy a un equipo, el que sea ¡eh!, me entrego cien por ciento por esa camiseta. Es el que me contrata y el que me paga para estar defendiendo sus colores. Sabía que iba a ser difícil ganarse a la gente, pero sé cómo soy adentro de la cancha y que tarde o temprano me iban a terminar queriendo. Por mi forma de ser. Lo mismo que a Martín (Leiva) y a Raymundo. Somos tres jugadores que entregamos todo por el equipo en donde estamos jugando. Defendimos a Peñarol a muerte. Ojo, había gente que no quería que Martín y yo estuviéramos. Lo sabíamos porque hasta nos dijeron que no iban a ir más a la cancha. Pero al final, creo que se dieron cuenta de que dimos todo por Peñarol.
-Parece que nunca tenés paz, porque ahora te tocó sufrir la furia del otro lado, la de la gente de Atenas... -Sí, fue muy feo, muy triste. Pero me hizo muy bien el apoyo que me brindó todo el ambiente del básquet. Compañeros, ex compañeros, periodistas, gente que no me conocía. Me ayudaron mucho. Igual estoy convencido de que eso fue una obra de unos pocos que están adentro de Atenas que quisieron tapar un poco el motivo por el que me fui de Córdoba. Se inventaron cosas, se dijeron otras, y la gente a veces se deja llevar.
-Recién terminó una temporada agotadora, y cuando la mayoría empieza a aflojarse, vos tenés que sumarte a la Selección. ¿Cuesta? -No, es muy lindo. Estoy 15 ó 20 días en casa y ya me empiezo a pelear con mi señora. No está acostumbrada a tenerme tanto tiempo (se ríe con ganas). No, en serio, me gusta mucho ir a la Selección, porque estás en movimiento, te reencontrás con todos los chicos, es muy lindo.
-En estos días libres ¿sólo descanso o entrenás un poco por tu cuenta? -De aquí a los próximos 20 ó 25 días no hago nada. No quiero ver ni una pelota de básquet, ni un gimnasio. Nada. Después empiezo a salir a correr un poquito, a hacer pesas, a bajar los dos o tres kilos que seguramente aumento en esos días de descanso.
-¿Y cuáles son los planes? -Por ahí visitar amigos, a la casa de “Chapu” (Andrés Nocioni), a Marcos Juárez a visitar a mi familia y amigos, a Venado Tuerto a ver a la familia de mi señora y amigos que también tenemos ahí. Esos días se nos pasan volando, así que los disfrutamos al máximo.
-¿Qué se siente que un estadio tenga tu nombre (la cancha de San Martín de Marcos Juárez se llama Leonardo Gutiérrez)? -¡Una locura! Cuando volvimos de ganar la medalla de oro en Atenas 2004, la gente de Marcos Juárez me dijo que tenían ganas de hacerme un homenaje y yo acepté, pensando en una cena con la gente, algo lindo para el club, que estaba resurgiendo. Y me dijeron que lo iban a hacer de sorpresa y que me iban a avisar. ¡Nunca me imaginé semejante cosa! Es un orgullo, un placer y voy a estar eternamente agradecido. No es solamente la cancha donde me crié jugando al básquet, sino que la gente que todavía está en el club me dio la oportunidad de irme a Olimpia de Venado Tuerto y crecer como jugador prácticamente sin pedir nada a cambio, sólo algunos elementos para el club, qué se yo, pelotas, camisetas. Y desde los 15 años hasta ahora me siguen llamando, acordándose de mí, apoyándome. Es muy fuerte.
-¿Pensaste en terminar tu carrera ahí, en ese club y en ese estadio? -La verdad es que me gustaría. No sé si se podrá concretar alguna vez. Si se da, me encantaría, en la “A”, en el TNA o en la “B”, donde sea. Sería muy lindo.
La experiencia europea
-Con el alto nivel que has tenido en los últimos años surge de inmediato la pregunta. ¿Por qué sólo una temporada en Europa (jugó en 2002/03 para Drac Inca de la LEB española)? -Me fui y no estaba preparado mentalmente. No me arrepiento de haber pegado la vuelta a Argentina. Volví como me fui: sin pena, ni gloria ni dramas. Sé que podría haber jugado mejor, lo siento así. Pero no estaba preparado de la cabeza. No estaba bien, extrañaba mucho, necesitaba estar cerca de mis afectos. Es totalmente distinto jugar en Europa que en Argentina.
-¿No terminaste de adaptarte? - Ellos son mucho más cerrados. Acá, después de los partidos nos vamos a comer todos o casi todos juntos. Allá no, cada uno hace la suya. Año Nuevo lo pasamos solos con mi señora y mi hijo. Eso pesa mucho. A mí me costó horrores. Estábamos en un lindo lugar (N. del R.: Palma de Mallorca) nos gustó mucho, pero preferimos estar acá. Cuando tuvimos la oportunidad, nos volvimos y nos quedamos.
-¿Tampoco te lo planteás como una opción a futuro? -(Se ríe) No, ya estoy viejo.
La amistad dentro del juego
-¿Cómo se fue forjando la amistad que tenés con Martín Leiva y Raymundo Legaria? -A Martín lo conocía por haberlo enfrentado y por haber jugado juntos en alguna selección mayor. Y a Ray lo conocí en Ben Hur y ésta es la quinta temporada que jugamos juntos. Quedó una amistad fuera de la cancha también. Es una persona muy querible, se hace querer mucho Era una de las cosas que quería tener cuando venía a Peñarol: tenerlo al lado mío. Ya ganamos tres títulos de la Liga juntos.
-Aunque no tuvo la participación que se esperaba... -Lamentablemente no tuvo la posibilidad de jugar demasiado. Tuvo la grata mala suerte de tenerlos a Campazzo y a Tato (Rodríguez) en alto nivel y quedó un poco relegado. Una lástima. A mí me dio mucha pena porque él necesitaba jugar, volver al ruedo porque hacía dos años que no tenía competencia constante por sus lesiones. Me dolió mucho. La temporada fue toda redondita, pero si hubo algo feo, negativo, fue que Ray no pudo tener la participación que a mí me hubiese gustado y a él también.
-En algún momento se los había señalado como camarilleros, y con esto que pasó quedó claro que camarilla no hubo, porque si no Legaria hubiera jugado más... -Nada que ver. En ningún equipo voy a jugar en contra de algún compañero. El trabajó durante toda la temporada al lado del resto y buscó su oportunidad, pero quedó relegado como tercer base. Son cosas que pueden pasar. El también lo entendió y trabajó para estar bien y para ayudar el equipo. Podía haberse ido y prefirió quedarse con el grupo para pelearla. Estuvo a la altura de todos, es un gran profesional. Y yo no iba a hacer nada para que él pudiera jugar y algún otro quedara atrás.
La Selección, el Mundial y el Preolímpico 2011
-¿Cómo ves las chances de la Selección en el Mundial de Turquía? -Realmente, no me puse a ver ni un probable cruce ni nada. Y nunca lo hicimos, eso de pensar “si salimos primeros, nos cruzamos con éste”. Siempre fuimos a jugar y cuando llegó el momento, con el rival puesto para el cruce, ahí recién lo encaramos. Sé que vamos a formar un buen equipo, aunque nos falta el más grande. Manu (Ginóbili) es enorme y potencia al resto. Pero hay grandes jugadores. Tenemos un quinteto inicial de alto nivel. Sacando a España y Estados Unidos, los demás no pueden formar un equipo inicial de tanta jerarquía. Es una lástima que Manu no pueda participar en este torneo, pero es totalmente entendible. Me parece bárbaro que disfrute de sus mellizos y que descanse un poco, porque tuvo una temporada agotadora y no tenemos que preocuparnos porque en su puesto tenemos a un tremendo jugador como Carlitos Delfino.
-¿Cómo recibiste la noticia de Mar del Plata sede del Preolímpico 2011? -¡Espectacular! Esto se venía hablando desde hace mucho tiempo. No es algo nuevo. Incluso hubo posibilidades de hacerlo en 2007, antes de los Juegos Olímpicos de Beijing. Sabíamos que en algún momento se iba a hacer en Argentina. Y al margen de lo buenísimo que se haga en Mar del Plata, tiene que ser un regalo para toda la Generación Dorada, para todos los chicos que han formado parte de la Selección, la mayoría desde 1999 (N. del R.: en el Sudamericano de Bahía Blanca) hasta hoy. Es algo fantástico. Sería muy bueno poder formar parte de ese equipo.
Fuente: Diario La Capital
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